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9.11.2014

Toc, toc, toc, toc, TOC… Soy el papel amate.

por Ulises Revilla López
fotos de Daniela Bretón



Recientemente viajé con “To Na” de Rumbo Nómada y Aida Mulato de Jóvenes Artesanos a San Pablito Pahuatlán, uno de los pueblos hñahñü enclavados en la sierra norte de Puebla, territorio del totonacapan… sí, allá por donde las nubes pueden tocarse, en ese “Lugar de frutos” en el que fuimos recibidos como si nos conocieran de antaño. Fui a observar la forma en que se elabora el papel amate (amatl en náhuatl, y no tuve cuidado en preguntar como se pronuncia en lengua hñahñü; buen pretexto para regresar). Toc, toc, toc, toc, TOC se escucha por muchas de sus calles empinadas, arriba de las hermosas escaleras, cerquita del manantial, abajo del aguacate y del guayabo, de la colorida  bugambilia, de los charcos de agua con lodo que Emiliana no duda en meterse para transformar sus botas rosas en negras, en todos esos lugares se escucha el golpeteo seco: toc, toc, toc, TOC

Tres sonidos se escuchan al unísono: el golpeteo de las piedras sobre las fibras, la caída del agua y el correr del río; todos arman un concierto inigualable. Son los golpes de las piedras usadas para aplanar las fibras del jonote rojo y el jonote blanco; y el agua que las alimenta para volverse arte… en esta visita se escuchó la jarana, no la mía esta vez no fui como músico, es la jarana de “To Na” si hubiera tenido cuatro manos y cuatro hombros hubiera podido acompañarlo con el pum, pum, tumpa pum de la guitarra grande, la leona… buen pretexto para regresar.

Toc, toc, toc, TOC se escucha por todos lados; mujeres, niños, niñas, hombres, turistas conscientes, jóvenes artesanos engrandecen ese concierto percusivo para elaborar una obra maestra, una obra de arte que jamás será idéntica una de otra, tal vez no lo parece, pero el papel amate está lleno de música, sabores, colores y agua. Música de la percusión, del golpeteo sobre la mesa, sabores del “veeti” (platillo tradicional a base de un jengibre local, acompañado de tortillas y salsa… no quiero decir quien devoró ese manjar de sabores y olores, hasta me robó mis tortillas, mi plato de salsa y pidió otra ración, solo diré que su nombre empieza con “A” y termina con “ida”).

II


Mientras los turistas conscientes hacen su papel amate “To Na”, Aida, Dany Breton y yo decidimos ir “por ahí” a invitación de Aida a conocer las escaleras, el pueblo y lo que se nos cruzara. Experiencia que nos llevó a escuchar el concierto percusivo durante toda la caminata, nuestras guías: tres artesanas niñas. Esas niñas acaloradas por la caminata y que de regreso corrieron al manantial de las cruces a beber agua, el Dios del Infierno estaba muy presente, nos los hizo saber con tan abrazador calor, nada que el Dios de los tamarindos, el maíz… toc, toc, toc, TOC… de los mangos, del monte… DE LA VIDA no pudieran complementar para vivir una experiencia única.

III
A la mesa de los turistas conscientes llegan guayabas y ciruelas, al momento de la llegada manjinicuiles. Dulces sabores que dan pretexto para regresar.

IV

Las sonrisas y el orgullo por esta tradición, del único pueblo hñahñü que tiene esta hermosa tradición en la sierra poblana, nos recibieron en la bicicleta de Efraín, don Ciro no paraba de contarnos historias y el origen de textiles, la deliciosa comida de doña Guadalupe, que no habla español pero lo entiende tan bien que se sonreía a muchas cosas que se hablaban nos hicieron sentir verdaderos amigos. Doña Guadalupe, es la capitana que fue a supervisar, mientras estaba el delicioso “veeti” que los alumnos estuvieran aprendiendo bien, su mirada y supervisión habló muy bien del to, toc, toc TOC. De la satisfacción del taller en San Pablito.

V


Cada vez que alguien aprende a hacer algún tipo de arte popular, cualesquiera que sea, se hace consciente del trabajo que conlleva, que no hay que regatear, que en ese “simple” producto que parece salido de una máquina, no hay mas que manos, familias, comunidades y artesanos que buscan sobrevivir preservando sus tradiciones. Ellos no cobran por lo que hacen, cobran por lo que saben y saben que el conocimiento milenario no es un regalo, es trabajo que debemos pagar con la satisfacción del tiempo y conocimiento que tienen; así como los caballitos de don Bonifacio Abraham, artesano de madera de la misma comunidad, acompañado de su nieta, que buscan conseguir el alimento de cada día con arte popular hecho a mano, que en nuestro país es muy barato y en el extranjero se comercia hasta cinco o diez veces más al valor adquirido sin ni siquiera conocer el nombre de quién lo hizo.

VI

La camioneta de Rumbo Nómada me deja y yo aquí comprando tortillas, espérenme…





8.26.2014

El uso Religioso del Papel Amate



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El Amate y su tradición



La producción del papel amate data de tiempos prehispánicos y se obtiene a partir de la corteza del jonote, un árbol de corcho endémico de México y Centroamérica. En ese entonces solo los chamanes podían recortarlo; era de color blanco u oscuro, ya que dichas tonalidades se relacionaban con el bien y el mal, respectivamente. En ocasiones era colocado sobre los cadáveres para ayudarlos en su camino después de la muerte; otras veces se utilizaba en la elaboración de diversas figuras que eran quemadas para honrar a las deidades de estos pueblos; también se construían formas de semillas y plantas en papel amate para favorecer la agricultura.


Hoy en día, la localidad de San Pablito es el principal productor de papel amate. Aunque ya existen pocos jonotes en la región, aquí se conserva la forma tradicional de elaborar el papel, desde la extracción de la corteza, su cocción, aplanamiento y exposición al sol. Actualmente se produce papel amate de distintos colores, tiñendo las fibras con tierras de color, plantas o anilinas. Así se realizan extraordinarios trabajos artesanales como libretas, separadores y pantallas para lámparas.

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San Pablito y Pahuatlán


La comunidad otomí de San Pablito, ubicada dentro del municipio de Pahuatlán, tiene sus pequeñas calles rodeadas por casas de ladrillos y árboles frutales. Sin embargo, lo que la distingue y vuelve esencia a nivel nacional, es que allí se produce el papel amate, mismo que procede de la época prehispánica y que para la llegada de los españoles, ya era producido a grandes cantidades.

A pesar de los cinco siglos que han pasado, la técnica de producción de esta pieza artesanal no ha cambiado mucho, aunque lo cierto es que hoy en día puede encontrarse en diversos colores y presentaciones, como lo son los cuadernos y separadores. Este papel es fundamental para la realización de diversos rituales, ya que los chamanes, brujos y curanderos de la región lo usan para representar a los espíritus y animales. Las figuras que simbolizan entes buenos son elaboradas en papel blanco y se representan con los pies descalzos, como los espíritus de la Madre Tierra y del Señor Monte; mientras que los malignos van de negro, tienen dos caras de perfil y muchos brazos, y plasman al Presidente de los Infiernos, al Juez del Purgatorio y a al Sirena Mala, entre otros.

El poblado de Pahuatlán, por su parte, fue habitado antiguamente por aztecas, otomíes y totonacos y, durante la época virreinal, fue parte del sistema de encomiendas. Su nombre significa “Entre Frutales” o “Junto a la fruta” y hoy todavía conserva admirables alrededores, con campos de cultivos tropicales como aguacate, mango, cacahuate y caña de azúcar; también se han contabilizado muchas especies de aves.

El pueblo en si es pequeño y puede conocerse rápidamente, pues sus atractivos se agrupan en torno a la Plaza Principal. Cuenta con un templo parroquial dedicado a Santiago Apóstol, que data del siglo XVI, así como la estatua del General Leandro Valle. En su Casa de la Cultura podrá observar una pequeña pero valiosa colección de pinturas y obras literarias que hacen recuento de la historia de este municipio.

La fiesta patronal de Santiago Apóstol se realiza el 25 de junio. Inicia con procesiones y una misa solemne, tras lo cual la alegría llena las calles mientras los fuegos artificiales se abren paso en el cielo. Podrá observar diversas danzas, como la de los Tocotines o los Voladores. Ésta se realiza al son de un tamborcito y una flauta de carrizo que recibe el nombre de chirimía.

Sugerencias Gastronómicas:

La gastronomía de la región es resultado de la fusión de las culturas totonaca, nahua y otomí.

Aquí podemos encontrar piloncillo, el vino de mora, tamales, atole de piña, cacahuate, cacao y mora.

Los chicales, son una especia de hormiga que aquí se prepara de diversas maneras. Es un manjar especial ¡y muy original!

Chayotextle, la raíz del chayote.

Los taquitos de cebolla con trozos de chicharrón o de cecina ahumada.


Esta es una región cafetalera y en algunos beneficios pueden darnos la explicación de todo el proceso que se requiere para la elaboración del café: la extracción de la pulpa, la fermentación, el lavado, secado, pelado y, por ultimo el tostado.  El café producido en la región es arábigo, pero también hay de las denominaciones caturra y borbón.

¿Quieres conocer San Pablito Pahuatlan? Acompañanos en nuestro siguiente viaje: